NIKKEI MONOGATARI
Jarumi Nishishinya y Verónica Vidal Maehara nos invitan a recorrer un territorio visual
donde las tradiciones japonesa y argentina se transforman, se mezclan y se
expanden. A través del papel, la tela, la cerámica, el grafito, la tinta china,
el acrílico y hasta cartón traído desde Japón, construyen un universo híbrido,
profundamente arraigado en historias propias y herencias compartidas
Ambas artistas trabajan con la pintura y el dibujo,
priorizando la figuración y el uso de la línea definida. Verónica interviene
escenas inspiradas en obras del arte argentino y se vincula afectivamente con
personajes tomados de revistas populares, que resignifica desde una mirada
personal. Jarumi, por su parte, desarrolla sus imágenes sobre papel con una
sensibilidad profundamente ligada al cuerpo, al gesto y a lo mitológico. Desde
enfoques distintos, ambas cuestionan tanto los relatos nacionales como las
narrativas heredadas, proponiendo nuevas formas de mirar y contar.
En sus obras, lo local argentino y lo ancestral
japonés conviven en una trama sin jerarquías: el Gauchito Gil y mujeres con
kimono. El Eternauta, los luchadores de
sumo (sumotori) y los fantasmas femeninos (yōkai), todos, aparecen entrelazados
en escenas que desafían las categorías fijas. El arte shunga —tradicionalmente
erótico— es reformulado desde una mirada actual y situada, donde figuras como
Patorucito funcionan como guiños afectivos y culturales. También emergen
elementos como el maquillaje de la geisha, la katana o gestos cotidianos que
como dicen las artistas desde su
imaginario… “nos surgen como nikkei”, entre lo que se hereda y lo que se vuelve
propio. En ese cruce, hay una intención de cuestionar lo tradicional sin
rechazarlo, y al mismo tiempo, el impulso de imaginar nuevos relatos posibles.
Este encuentro, a partir de una red social, entre
Jarumi y Verónica permite pensar los “monogatari” —cuentos—
como un espacio visual en movimiento. Desde geografías diversas como Resistencia,
Chaco, Buenos Aires, Kochi, Kagoshima y Okinawa, construyen un lenguaje visual
singular que trasciende las dicotomías entre oriente y occidente, entre arte
tradicional y contemporáneo. Ambas se han atrevido a jugar, a transgredir y a
transformar los símbolos de una herencia cultural viva. Así, crean un arte
nikkei argentino, híbrido y potente, que las representa y nos invita a mirar
desde una nueva geografía afectiva y simbólica.
Su obra es, en definitiva, una celebración de nuevas
escenas culturales, un gesto de mezcla consciente que se vuelve potencia
creativa.
Alejandra Sculli
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